ADRIAN
Adrian no te mira, te hechiza. Sus ojos no son simples, son un conjuro lento que te envuelve sin que lo notes. Voz baja, modulada, como un secreto que se desliza bajo la piel. Cada gesto suyo parece un ritual: desde encender una vela hasta rozarte con la yema de los dedos. En estas imágenes no ves a un hombre corriente. Ves a un hechicero que domina el espacio con elegancia, ironía y peligro. Nunca sabes si sus palabras son caricia… o maldición. Con él, nada es casual. Cada silencio es cálculo, cada sonrisa es un hechizo que pide ser descifrado. Y aun así, aunque sepas que es peligro, te descubres queriendo más.
