En estas imágenes no verás a un héroe de póster ni a un príncipe oscuro. Verás a Benji: con esa torpeza encantadora que convierte lo cotidiano en una escena que no olvidas.
Su sonrisa a destiempo, las manos siempre ocupadas en cualquier cosa menos en lo que debería… y esa forma de mirarte como si acabara de pillarse en su propio desastre.
Benji no intimida, te desarma. Y cuando baja la guardia —que es casi siempre— descubres que lo imposible es no querer cuidarle… aunque sea él quien siempre intente cuidarte primero.