KAEL

Kael no habla mucho, y cuando lo hace, sus palabras pesan más que un rugido. Es grande, de hombros anchos y mirada dorada que intimida tanto como hipnotiza. La piel marcada por cicatrices y el vello oscuro en pecho y brazos le dan ese aire salvaje imposible de domesticar. Siempre parece al borde de la transformación, incluso en su forma humana: garras contenidas en las manos, colmillos que asoman cuando sonríe demasiado. A su alrededor se respira peligro y un magnetismo animal que hace imposible apartar la vista. Kael no promete seguridad, promete intensidad. Si te acercas demasiado, sabes que puedes acabar ardiendo… y aun así, te acercas.

Scroll al inicio